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Carta de Luther King PDF  | Imprimir |  E-Mail

Carta escrita por Martin Luther King en respuesta a la comunicación enviada por los clérigos de Alabama.

Mis estimados Compañeros Clérigos,
Mientras estoy confinado aquí en la Cárcel de Birmingham, me he encontrado con su reciente declaración en la que denominan mis últimas actividades como "insensatas e inoportunas". Rara vez hago una pausa para responder críticas a mi trabajo e ideas. Si buscara responder a todas las críticas que cruzan por mi escritorio, mis secretarias tendrían poco tiempo para otra cosa distinta a atender tal correspondencia en el curso del día y yo no dispondría de tiempo para realizar un trabajo constructivo. Pero debido a que siento que ustedes son hombres de genuina buena voluntad y que sus críticas son sinceras, quiero responder su declaración en lo que espero sean términos pacientes y razonables.

Creo que debo indicar por qué estoy aquí en Birmingham, debido a que ustedes han sido influenciados por el punto de vista que argumenta contra "el ingreso de extraños". Tengo el honor de servir como Presidente de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur, una organización que opera en cada uno de los estados del Sur, cuya casa matriz se encuentra en Atlanta, Georgia. Tenemos unas ochenta y cinco organizaciones afiliadas a través del Sur- una de ellas es el Movimiento Cristiano para los Derechos Humanos de Alabama.

Frecuentemente compartimos personal y recursos educacionales y financieros con nuestros afiliados. Varios meses atrás el afiliado local en Birmingham nos solicitó estar alerta para comprometernos en un programa de acción directa noviolenta, si se estimaba conveniente. Prontamente consentimos y cuando llegó la hora cumplimos nuestra promesa. Por lo tanto, estoy aquí junto con varios miembros de mi personal, porque fuimos invitados. Estoy aquí porque tengo vínculos con estas organizaciones.

Pero, básicamente estoy en Birmingham, debido a que la injusticia está aquí. Al igual que los profetas del siglo octavo A.C. dejaron sus pueblos y llevaron consigo -así lo dijo el Señor- mucho más allá de las fronteras de sus pueblos de origen; y así como el Apóstol Pablo dejó su pueblo de Tarso y llevó el Evangelio de Jesucristo a los lejanos rincones del mundo greco-romano, estoy obligado a llevar el Evangelio de la libertad más allá de mi ciudad de origen. Así como Pablo, debo constantemente responder al llamado macedonio de ayuda.

Adicionalmente soy consciente de las interrelaciones de todas las comunidades y estados. No puedo sentarme inerme en Atlanta y no preocuparme por lo que ocurre en Birmingham. La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes. Estamos atrapados en una red sin escape de mutualidad, amarrados dentro de la prenda única del destino. Lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente. Nunca más podemos darnos el lujo de vivir con la idea miope, provincial del "agitador externo". Cualquiera que viva en los Estados Unidos nunca podrá ser considerado como un extranjero dentro de sus límites.

Ustedes deploran las demostraciones que se están llevando a cabo en Birmingham. Pero su declaración, siento decirlo, falla en expresar una preocupación similar por las condiciones que generaron las demostraciones. Estoy seguro que ninguno de ustedes estaría contento con la clase superficial de análisis social que trata meramente los efectos y no profundiza en las causas subyacentes. Desgraciadamente, tales demostraciones se están llevando acabo en Birmingham, pero es aun más desafortunado que la estructura de poder blanco de la ciudad no le dejara otra alternativa a la comunidad Negra.

En una campaña noviolenta hay cuatro pasos básicos: (1) recolección de los hechos con el fin de determinar si existen las injusticias; (2) negociación; (3) auto-purificación y (4) acción directa. Hemos atravesado todos esos pasos en Birmingham. No puede haber contradicción en el hecho que la injusticia social envuelve esta comunidad. Birmingham es probablemente la ciudad más segregada de los Estados Unidos. Su horrible récord de brutalidad es ampliamente conocido.

Los Negros han experimentado un burdo tratamiento injusto en las cortes. Hay más bombardeos de hogares e iglesias Negras sin resolver en Birmingham, que en cualquier otra ciudad de la nación. Éstos son los hechos duros y brutales del caso. Con base en estas condiciones los líderes Negros buscaron negociar con los padres de la ciudad. Pero estos últimos rehusaron consistentemente a comprometerse en negociaciones de buena fe.
Luego, en septiembre pasado, se dio la oportunidad de conversar con los líderes de la comunidad económica de Birmingham. En el curso de las negociaciones, se hicieron promesas por parte de los comerciantes -por ejemplo remover los humillantes avisos raciales de las tiendas-. Con base en estas promesas, el Reverendo Fred Shuttlesworth y los líderes del Movimiento Cristiano de Alabama para los Derechos Humanos, acordaron decretar una moratoria sobre todas las demostraciones. A medida que las semanas y los meses transcurrieron, nos dimos cuenta que éramos víctimas de promesas incumplidas. Unos pocos avisos, removidos temporalmente, retornaron; los demás permanecieron.

Al igual que en muchas experiencias pasadas, nuestras esperanzas habían sido destruidas y la sombra de un profundo desengaño recayó sobre nosotros. No teníamos otra alternativa distinta a preparamos para la acción directa, por medio de la cual presentaríamos nuestros propios cuerpos como un medio de exponer nuestro caso ante la conciencia de la comunidad local y nacional. Atentos a las dificultades involucradas, decidimos emprender el proceso de auto-purificación.

Iniciamos una serie de talleres sobre la Noviolencia y repetidamente nos preguntábamos: "¿Es usted capaz de aceptar un golpe sin devolverlo?". Decidimos establecer nuestro programa de acción directa para la temporada de Pascua, teniendo en cuenta que exceptuando la Navidad, ésta es la temporada principal de compras del año. A sabiendas que un programa de retirada económica era el subproducto de la acción directa, creímos que ésta era la mejor época para presionar a los comerciantes por el cambio requerido.

Luego se nos ocurrió que la elección de alcalde de Birmingham estaba próxima en marzo y rápidamente decidimos posponer la acción hasta el día de elecciones. Cuando descubrimos que el comisionado de seguridad pública, Eugene "Toro" Connor, había amasado suficientes votos para estar en la elección, decidimos nuevamente posponer la acción hasta el día después de las elecciones, de manera que las demostraciones no podían ser utilizadas para nublar los problemas. Como muchos otros, esperamos ver la derrota de Mr. Connor, y con este fin soportamos aplazamientos después de aplazamiento. Habiendo ayudado en esta necesidad de la comunidad, creímos que nuestro programa de acción directa no podía ser dilatado más tiempo.

Ustedes pueden preguntar: "¿Por qué acción directa? ¿Por qué 'sentadas', manifestaciones y demás? ¿No es la negociación un mejor camino?". Ustedes tienen la razón al solicitar la negociación. Ciertamente, este es el propósito mismo de la acción directa. La acción directa noviolenta busca crear tal crisis y promover tal tensión que una comunidad que constantemente ha rehusado negociar, es forzada a confrontar el problema. Busca también dramatizar el problema, de manera que no sea ignorado más.

Mi cita de la creación de tensión como parte del trabajo del resistidor noviolento puede sonar bastante ofensiva. Pero debo confesar que no le temo a la palabra 'tensión'. Honestamente me he opuesto a la tensión violenta constructiva, la cual es necesaria para crecer. Así como Sócrates creía que era necesario crear tensión en la mente, de manera que los individuos pudieran levantarse de la esclavitud de los mitos y verdades a medias que enturbiaban el dominio del análisis creativo y la valoración objetiva, en igual forma debemos ver la necesidad de las puyas noviolentas para crear la clase de tensión en la sociedad que ayudará a los hombres a levantarse de las oscuras profundidades del prejuicio y racismo hasta las majestuosas alturas de la comprensión y la hermandad.

El propósito de nuestro programa de acción directa es crear una situación tan enfrascada en crisis que inevitablemente abrirá la puerta a la negociación. Yo, por lo tanto, concuerdo con ustedes en su llamado a la negociación. Por demasiado tiempo, nuestro bienamado Sur se ha atollado en este trágico intento de vivir en monólogo en lugar de diálogo.

Uno de los puntos básicos en su declaración es que la acción que mis asociados y yo hemos tornado en Birmingham es inoportuna. Algunos han preguntado: "¿Por qué no le han otorgado a la nueva administración de la ciudad tiempo para actuar?". La única respuesta que se me ocurre es que la nueva administración de Birmingham debe ser instigada tanto como la saliente, antes de que actúe. Tristemente estaremos en un error si creemos que la elección de Mr. Boutwell como alcalde, traerá el milenio a Birmingham.

Mientras que Mr. Boutwell es una persona más gentil que Mr. Connor, ambos son segregacionistas, dedicados a la conservación del status quo. He esperado que Mr. Boutwell sea lo suficientemente razonable como para ver la futilidad de la resistencia masiva a la desagregación. Pero él no lo verá sin la presión de los devotos de los derechos civiles. Amigos míos, debo decirles que no hemos conseguido un solo beneficio en los derechos civiles sin presión legal determinada y noviolenta.

Lamentablemente, es un hecho histórico que los grupos privilegiados raramente rinden sus privilegios voluntariamente. Los individuos pueden ver la luz moral y entregar sus posturas injustas; pero como nos recuerda Reinhold Neibuhr, los grupos tienden a ser más inmorales que los individuos.

Nosotros sabemos a través de dolorosa experiencia, que la libertad nunca es voluntariamente entregada por el opresor; ella debe ser exigida por el oprimido. Francamente, nunca me he comprometido en un movimiento de acción directa que fuera "oportuno", bajo el punto de vista de quienes no han sufrido indebidamente de la enfermedad de la segregación. Por años ahora, he escuchado las palabras "¡espere!". Resuena en el oído de cada negro con penetrante familiaridad. Este "Espere" casi siempre ha significado "Nunca". Debemos concluir, junto con uno de nuestros distinguidos juristas, que "la justicia dilatada por mucho tiempo es justicia denegada".

Hemos esperado más de 340 años por nuestros derechos constitucionales y otorgados por Dios. Las naciones de Asia y África se están moviendo con la velocidad del jet hacia la consecución de su independencia política, pero aún nos arrastramos a ritmo de caballo y coche hacia la obtención de una taza de café en el mostrador de una cafetería. Quizás sea más fácil para aquellos que nunca han sentido los dardos punzantes de la segregación decir "Espere". Pero cuando usted ha visto turbas malignas linchar a sus madres y padres a su antojo y ahogar a sus hermanas y hermanos a su capricho; cuando usted ha visto policías consumidos por el odio maldecir, patear y aun matar a sus hermanas y hermanos Negros; cuando usted ha visto la vasta mayoría de sus veinte millones de hermanos Negros sofocarse en una jaula de pobreza, sin aire, en medio de una sociedad afluente; cuando usted súbitamente encuentra su lengua retorcida y su habla tartamudeando cuando trata de explicar a su hija de seis años por qué ella no puede asistir al parque público de diversiones que acaba de ser anunciado en televisión y ve lágrimas encharcando sus pequeños ojos cuando se le dice que Funtown (Divertilandia) está cerrado para niños de color y ve nubes siniestras de inferioridad principiarse a formar en su pequeño firmamento mental y ve comenzar a distorsionar su personalidad al desarrollar un rencor inconsciente hacia la gente blanca; cuando usted tiene que urdir una respuesta para su hijo de cinco años que pregunta: "Papito, ¿por qué la gente blanca trata con tanta maldad a la gente de color?; cuando usted realiza una excursión a través del país y encuentra que es necesario dormir noche tras noche en las incómodas esquinas de su automóvil porque ningún motel lo acepta; cuando usted es humillado día tras día por avisos que leen "blancos" y "de color"; cuando su primer nombre se convierte en "nigger" (apodo despectivo para los Negros) y su segundo nombre es "muchacho" (independientemente de cuántos años tenga) y su apellido se torna "John", y cuando a su esposa y madre nunca se les concede el respetable "Señora"; cuando usted es acosado de día y cazado de noche por el simple hecho de ser Negro, viviendo constantemente de puntillas, nunca sabiendo qué esperar después y plagado por temores internos y otros resentimientos; cuando siempre está peleando un sentido de degeneración de "no ser nadie"; entonces ustedes comprenderán por qué es tan difícil esperar. Se da un tiempo cuando la copa de la resistencia se derrama y los hombres no están dispuestos más a sumergirse en el abismo de la desesperación. Yo espero, Señores, que ustedes puedan entender nuestra legítima e inevitable impaciencia.

Ustedes expresan una gran ansiedad acerca de nuestra voluntad de romper las leyes. Ésta es ciertamente una preocupación legítima. Debido a que diligentemente urgimos a la gente a que obedezca la decisión de la Suprema Corte de 1954, que proscribe la segregación de las escuelas públicas, mirado de reojo puede parecer bastante paradójico para nosotros romper conscientemente la ley. Uno bien puede preguntarse, "¿Cómo puedo abogar por romper algunas leyes y obedecer otras?. La respuesta se encuentra en el hecho que existen dos tipos de leyes: justas e injustas. Yo sería el primero en abogar por la obediencia de las leyes justas. Uno no sólo tiene una responsabilidad legal, sino también moral de obedecer las leyes justas. Por el contrario, uno tiene una responsabilidad moral de desobedecer las leyes injustas. Estaría de acuerdo con San Agustín en que "una ley injusta no es ninguna ley".

Ahora, ¿cuál es la diferencia entre las dos? ¿Cómo determina uno si una ley es justa o injusta?. Una ley justa es un código hecho por el hombre que se equipara o equilibra con la ley moral o la Ley de Dios. Una ley injusta es un código que no está en armonía con la ley moral. Para ponerlo en términos de Santo Tomás de Aquino, una ley injusta es una ley humana que no está enraizada en la ley eterna y natural. Cualquier ley que eleva la personalidad humana es justa: Cualquier ley que degrade la personalidad humana es injusta. Todos los estados de segregación son injustos porque la segregación distorsiona al alma y daña la personalidad. Da a quien segrega un sentido falso de superioridad y al segregado, un falso sentido de inferioridad. La segregación, para utilizar la terminología del filósofo judío Martin Buber, sustituye la relación "Yo-Tú o Usted" por "Yo-lo o eso" y termina relegando a las personas al mismo nivel de las cosas.

De aquí que la segregación no sólo es política, económica y sociológicamente defectuosa, es moralmente errónea y pecaminosa. Paul Tillich ha dicho que el pecado es separación. ¿No es la segregación una expresión existencial de la separación trágica del hombre, una expresión de su atroz estrangulamiento, de su terrible maldad?. De esta manera es que puedo impeler a los hombres a que obedezcan la decisión de la Corte Suprema de 1954, ya que es moralmente correcta, y puedo moverlos a desobedecer las ordenanzas segregacionistas porque son moralmente equivocadas.

Consideremos un ejemplo más concreto de las leyes justas e injustas. Una ley injusta es un código por medio del cual un grupo mayoritariamente numérico o de poder, obliga a obedecer a un grupo minoritario, pero que no se acoge a dicho código. Esto es la diferencia legalizada. Por la misma razón, una ley justa es un código por el cual una mayoría obliga a una minoría a que lo siga cuando está dispuesta a seguirlo ella misma. Esto es la igualdad legalizada.

Permítanme darles otra explicación. Una ley es injusta si es impuesta sobre una minoría que, como resultado de haberle denegado el derecho al voto, no participa en la promulgación o diseño de ley. ¿Quién puede afirmar que la legislatura de Alabama, que fijó las leyes de segregación estatales fue democráticamente elegida? A través de toda Alabama cualquier clase de métodos truculentos son utilizados para prevenir que los Negros se conviertan en votantes registrados y existen algunos condados en los cuales, aun cuando los Negros constituyen una mayoría de la población, ni un solo Negro está registrado. ¿Puede una ley promulgada bajo tales circunstancias ser considerada democráticamente estructurada?

Algunas veces una ley es justa en su faz e injusta en su aplicación. Por ejemplo, yo he sido arrestado bajo un cargo de marchar sin permiso. Ahora, no hay nada malo con una ordenanza que requiere un permiso para una manifestación, pero tal ordenanza se torna injusta, cuando es utilizada para mantener la segregación y negarle a los ciudadanos el privilegio de la Primera Enmienda de reunión y protesta pacífica.

Espero que puedan ver la distinción que estoy tratando de señalar. En ningún sentido abogo por la evasión o desafío de la Ley tal como el violento segregacionista. Eso conduciría a la anarquía. Quien quebranta una ley injusta debe hacerlo abierta y amorosamente y con la voluntad de aceptar la pena. Yo propongo que quien quebranta una ley que su conciencia le dice que es injusta y voluntariamente acepta la pena permaneciendo en prisión con el fin de despertar la conciencia de la comunidad sobre la injusticia, está en realidad expresando mayor respeto por la Ley.

Evidentemente, no hay nada nuevo respecto a esta clase de desobediencia civil. Estaba evidenciada sublimemente en la negativa de Shadrach, Meshach y Adednego a obedecer las leyes de Nabucodonosor, bajo la premisa que una ley moral más alta estaba en juego. Fue practicada soberbiamente por los primeros cristianos quienes estaban dispuestos a enfrentar leones hambrientos y el insoportable dolor de picar bloques, antes de someterse a ciertas leyes injustas del Imperio Romano. Hasta cierto punto la libertad académica es una realidad actual porque Sócrates practicó la desobediencia civil. En nuestra propia nación la Fiesta del Té de Boston (Boston Tea Party) representó un acto masivo de desobediencia civil.

Nunca debemos olvidar que todo lo que hizo Hitler en Alemania fue 'legal' y que todo lo que los luchadores húngaros por la libertad hicieron, fue 'ilegal'. Era 'ilegal' ayudar a un judío en la Alemania de Hitler. Aun más, estoy seguro, que de haber vivido en Alemania en ese tiempo, hubiera auxiliado y confortado a mis hermanos judíos. Si hoy viviera en un país comunista donde ciertos principios estimados por la Fe Cristiana están suprimidos, abogaría abiertamente por la desobediencia de las leyes antirreligiosas de ese país.

Debo hacerles dos confesiones sinceras, mis hermanos cristianos y judíos. Primero, debo confesar que en los últimos años he estado gravemente defraudado de los blancos moderados. He llegado a la casi lamentable conclusión que el gran obstáculo para el Negro en su camino hacia la libertad no es el Concejal del Ciudadano Blanco o el miembro del Ku Klux Klan, sino el blanco moderado que es más devoto del "orden" que de la justicia; quien prefiere una paz negativa que es la ausencia de tensión, a una paz positiva que es la presencia de la justicia; quien constantemente dice, "estoy de acuerdo con usted en la meta que busca, pero estoy en desacuerdo con sus métodos de acción directa"; quien en forma paternalista cree que puede fijar el cronograma para la libertad de otro hombre; quien vive por un concepto mítico de tiempo y quien constantemente aconseja al Negro a esperar una "época más conveniente". La comprensión superficial de la gente de buena voluntad es más frustrante que la absoluta incomprensión de la gente de mala voluntad. Una aceptación tibia es mucho más desconcertante que el absoluto rechazo.

Yo había esperado que los blancos moderados entendieran que la ley y el orden existen por el propósito de establecer justicia y que cuando fallan en sus propósitos, éstos se convierten en las peligrosas represas que bloquean el flujo del progreso social. Había esperado que los blancos moderados entendieran que la tensión presente en el Sur es una fase necesaria de transición de una odiosa paz negativa, en la cual el Negro ha aceptado pasivamente su injusta condición, a una paz sustantiva y positiva, en la cual todos los hombres respetarán la dignidad y el valor de la personalidad humana. En realidad nosotros, los que nos comprometemos con la acción directa noviolenta, no somos los creadores de tensión. Meramente traemos a la superficie la tensión escondida que ya existe. La descubrimos abiertamente para que pueda ser vista y enfrentada. Como un furúnculo que no puede ser curado a menos sea descubierto con toda su fealdad a las medicinas naturales del aire y la luz, la injusticia debe ser expuesta, con toda la tensión que su exposición crea, a la luz de la conciencia humana y al aire de la opinión nacional antes de poder ser curada.

Ustedes afirman en su declaración que nuestras acciones, aunque pacíficas, deben ser condenadas porque ellas precipitan la violencia. Pero, ¿es lógica esta afirmación? ¿Es como condenar a un hombre a quien le han robado porque su posesión de dinero precipitó el malvado acto del robo? ¿No es como condenar a Sócrates porque su inmutable compromiso con la verdad y sus inquisiciones filosóficas precipitaron el acto de la mente del descarriado populacho de hacerle beber cicuta? ¿No está esta vida condenando a Jesús, con Su conciencia única de Dios y nunca cesante sujeción a la voluntad del Padre, precipitando el malvado acto de la crucifixión? Debemos concluir, como lo han afirmado consistentemente las cortes federales, que es erróneo impeler un individuo a cesar sus esfuerzos para obtener sus derechos constitucionales básicos porque su demanda puede precipitar la violencia. La sociedad debe proteger a quien ha sido robado y castigar al ladrón.

También había esperado que los blancos moderados rechazaran el mito acerca del tiempo en relación con la lucha por la libertad. He recibido una carta de un hermano blanco de Texas la cual rezaba: "Todos los Cristianos saben que la gente de color recibirá eventualmente derechos iguales, pero es posible que usted esté en una prisa religiosa demasiado grande. A la cristiandad le ha tomado casi dos mil años para lograr lo que tiene. Las enseñanzas de Cristo toman su tiempo para llegar a la tierra". Una actitud como ésa proviene de un trágico concepto erróneo del tiempo, de una noción extrañamente irracional, que existe algo en el mismo flujo del tiempo que inevitablemente curará todos los males. Realmente el tiempo es neutral. Puede ser usado constructiva o destructivamente. Más y más siento que la gente de mala voluntad ha utilizado el tiempo mucho más efectivamente de lo que lo ha hecho la gente de buena voluntad. Nosotros nos tendremos que arrepentir en esta generación, no sólo de las palabras odiosas y las acciones de la gente malvada, sino también del aterrador silencio de la gente buena. El progreso humano nunca rueda sobre las ruedas de lo inevitable; llega a pesar de los esfuerzos incansables de los hombres dispuestos a ser co-trabajadores de Dios y sin esta dura palabra el tiempo en sí mismo se convierte en un aliado de las fuerzas de estancamiento social. Debemos utilizar el tiempo creativamente y el conocimiento que el tiempo está siempre maduro para hacer el bien. Ahora es el tiempo para hacer realidad la promesa de la democracia y transformar nuestra elegía de elevar nuestra política nacional desde las arenas movedizas de la injusticia racial hasta la roca sólida de la dignidad humana.
Ustedes se han referido a nuestra actividad en Birmingham como extrema. En principio estuve bastante decepcionado de que colegas clérigos miraran mis esfuerzos noviolentos como aquellos del extremismo. Comencé a pensar acerca del hecho que estoy en una posición en medio de dos fuerzas opuestas en la comunidad Negra. Una es la fuerza de la complacencia, compuesta por Negros, quienes como resultado de largos años de opresión, han agotado el respeto por sí mismos y un sentido de "ser alguien", que se han ajustado a la segregación, y en parte, por unos pocos Negros de clase media, quienes debido al grado de seguridad académica y económica y porque de alguna manera se benefician de la segregación, se han tornado insensibles a los problemas de las masas. La otra fuerza es una de amargura y odio, que llega peligrosamente a abogar por la violencia. Está expresada en los varios grupos nacionalistas negros que están girando alrededor de la nación, siendo el mayor y más conocido, el movimiento musulmán de Elijah Muhammad. Nutrido por la frustración Negra sobre la continuada existencia de la discriminación racial, este movimiento está constituido por gente que ha perdido la fe en los Estados Unidos, que ha repudiado absolutamente el cristianismo y que ha concluido que el hombre blanco es un "demonio" incorregible.

He tratado de tomar una posición entre estas dos fuerzas, pregonando que ni emulamos el "no hace nada" de los complacientes, ni tampoco el odio y el desespero de los nacionalistas negros. Porque existe una forma excelente de amar y de protestar sin violencia. Estoy agradecido con Dios porque, a través de la influencia de la iglesia Negra, la forma de la Noviolencia se ha convertido en una parte integral de nuestra lucha.
Si esta filosofía no hubiese surgido, en este momento muchas calles del Sur estarían inundadas con sangre. Y, adicionalmente, estoy convencido de que si nuestros hermanos blancos disuelven o desechan como "agitadores externos" a aquellos de nosotros que estamos empleando la acción directa noviolenta y rehúsan apoyar nuestros esfuerzos noviolentos, millones de Negros, por frustración y desespero, buscarán consuelo y seguridad en las ideologías de los nacionalistas Negros, un desarrollo que inevitablemente conducirá a una pesadilla racial pavorosa.

La gente oprimida no puede permanecer oprimida por siempre. El anhelo de libertad eventualmente se manifiesta a sí mismo y esto es lo que le ha ocurrido al Negro Americano. Algo adentro le ha recordado su derecho natal de libertad; algo externo le ha recordado que puede conseguirlo. Consciente o inconscientemente, él ha sido atrapado por el Zeitgeist con sus hermanos negros de África y con sus hermanos marrones y amarillos de Asia, Suramérica y el Caribe, el Negro de los Estados Unidos se está moviendo con un sentido de gran urgencia hacia la tierra prometida de la justicia racial.

Si uno reconoce esta urgencia vital que ha envuelto a la comunidad Negra, debe entender prontamente por qué se están desarrollando las demostraciones públicas. El Negro tiene muchos resentimientos suspendidos y frustraciones latentes y debe liberarlas. Por lo tanto, déjenlo marchar; déjenlo realizar peregrinajes de oración a la alcaldía; permitan las marchas de libertad y traten de entender por qué debe hacerlo. Si sus emociones reprimidas no son liberadas en formas noviolentas, ellos buscarán expresarlas a través de la violencia; esto no es una amenaza, sino un hecho histórico. De modo que yo no he dicho a mi gente "Desháganse de su descontento". Más bien, he tratado de decir que este descontento normal y saludable puede ser canalizado hacia un desfogue creativo de acción directa noviolenta. Ahora, este planteamiento está siendo catalogado como extremista.

Aunque inicialmente estaba decepcionado al ser catalogado como un extremista, a medida que continué pensando en el asunto logré gradualmente una medida de satisfacción de esa etiqueta. ¿No fue Jesús el extremista del amor? -"Ama a tus enemigos, bendice a aquellos que te maldicen, haz el bien a quienes te odian y ora por quienes llenos de odio te utilizan o te persiguen" -. ¿No fue Amós un extremista por la justicia? -"Deja que la justicia ruede como las aguas y la rectitud como un arroyo que siempre fluye" -. ¿No fue Pablo un extremista por el Evangelio cristiano? -"Padezco en mi cuerpo las cicatrices del Señor Jesús" -. ¿No fue Martín Lutero un extremista? - "Aquí estoy parado: no puedo hacer nada diferente, que Dios me ayude" -.

Y John Bunyan: "Permaneceré en la cárcel hasta el final de mis días antes de que haga una carnicería mi conciencia". Y Abraham Lincoln: "Esta nación no puede sobrevivir siendo la mitad esclava y la mitad libre". Y Thomas Jefferson: "Sostenemos estas verdades como evidentes por sí mismas, que todos los hombres han sido creados iguales". Por lo tanto, la pregunta es no ser extremistas, sino qué clase de extremistas seremos. ¿Seremos extremistas por el odio o por el amor? ¿Seremos extremistas por la preservación de la injusticia o por la extensión de la justicia? En esa dramática escena en la colina del Calvario, tres hombres fueron crucificados. Nunca debemos olvidar que esos tres hombres fueron crucificados por el mismo crimen -el crimen de extremismo-. Dos eran extremistas de la inmoralidad y por lo tanto cayeron por debajo de su entorno. El otro, Jesucristo, era un extremista por el amor, la verdad y la bondad y allí se elevó por encima de su entorno. Quizá el Sur, la nación y el mundo están en una horrible necesidad de extremistas creativos.

Había esperado que los blancos moderados se percataran de esto. Quizás estaba demasiado optimista; tal vez esperé demasiado. Supongo que debí haberme dado cuenta que unos pocos miembros de la raza opresora pudieran entender los profundos gemidos y anhelos apasionados de la raza oprimida y mucho menos aun, tuvieran la visión para entender que la injusticia debe ser extraída por medio de acciones fuertes, persistentes y determinadas. Estoy agradecido, sin embargo, de que algunos de nuestros hermanos blancos en el Sur hayan abrazado el significado de esta revolución social y se hayan comprometido con ella. Aún son muy pocos en cantidad, pero son grandes en calidad.

Algunos como Ralph McGill, Lilian Smith, Harry Golden y Jamnes Mc. Bride Dabbs y Bradden y Sarah Patton Boyle, han escrito acerca de nuestra lucha en términos elocuentes y proféticos. Otros han marchado con nosotros a través de las calles sin nombre del Sur, han languidecido en sucias cárceles infestadas de cucarachas, sufriendo el abuso y la brutalidad de policías encolerizados que les yen como "sucios amantes de los 'niggers'. A diferencia de muchos de sus hermanas y hermanos blancos moderados, ellos han reconocido la urgencia del momento y sentido la necesidad de antídotos poderosos de 'acción', para combatir la enfermedad de la segregación.

Permítanme anotar una de mis mayores decepciones. Me han decepcionado enormemente la iglesia blanca y su liderazgo. Evidentemente, existen notables excepciones. No soy inconsciente del hecho que cada uno de ustedes han adoptado una posición significativa en este asunto. Yo le alabo a Ud., Rev. Stallings, por su postura cristiana este domingo pasado, al darlee la bienvenida a los Negros en su servicio de culto sobre una base no - segregada. Yo alabo a los líderes católicos por su posición de integrar la Facultad Springhill años atrás.
Pero a pesar de estas notables excepciones, debo reiterar honestamente que la iglesia me ha decepcionado. No lo digo como uno de los críticos negativos que siempre pueden encontrar algo malo en la iglesia. Lo afirmo como un ministro del Evangelio, que ama la iglesia; que fue criado en su seno; que ha sido mantenido por sus bendiciones espirituales y que permanecerá sincero a ella mientras el cordón de la vida se prolongue.
Cuando fui súbitamente lanzado al liderazgo de la protesta de los buenos en Montgomery, Alabama, hace unos pocos años, creí que íbamos a ser apoyados por la iglesia blanca. Creí que los ministros, curas y rabinos blancos del Sur estarían dentro de nuestros aliados más poderosos. En cambio, algunos han sido nuestros oponentes directos, rehusando entender el movimiento por la libertad y malinterpretando a nuestros líderes; muchos otros han sido más cuidadosos que valerosos, y han permanecido silenciosos detrás de la seguridad anestesiada de los vitrales.

A pesar de mis sueños rotos, vine a Birmingham con la esperanza que los líderes religiosos blancos de esta comunidad verían la justicia de nuestra causa y con una profunda preocupación moral, servirían como el canal a través del cual nuestros justos agravios podrían alcanzar la estructura de poder. Había esperado que cada uno de ustedes comprendiera. Pero nuevamente me han decepcionado.

He escuchado a numerosos líderes religiosos sureños amonestar a sus feligreses a que cumplan con la decisión de desagregación porque es la ley, pero he anhelado escuchar a los ministros blancos declarar, "sigan este decreto porque la integración es moralmente verdadera y justa y porque el Negro es su hermano". En medio de las flagrantes injusticias infligidas al Negro, he observado hombres blancos de iglesia pararse a un lado y meramente murmurar irrelevancias piadosas y trivialidades santurronas. En medio de una poderosa lucha por liberar a nuestra nación de la injusticia racial y económica, he escuchado a muchos ministros decir que "ésos son problemas sociales por los cuales el Evangelio no tiene un interés real", y he observado muchas iglesias comprometerse con una religión mundana y diferente, que ha hecho una extraña distinción no bíblica entre cuerpo y alma, entre lo sagrado y lo secular.

He viajado a lo largo y ancho de Alabama, Mississippi y de todos los estados sureños. En días de verano sofocantes y secas mañanas de otoño he mirado las bellas iglesias del Sur con sus orgullosas cúpulas apuntando al cielo. He contemplado la impresionante salida de sus masivos edificios de educación religiosa. Una y otra vez me he preguntado: ¿Qué clase de gente rinde culto aquí? ¿Quién es su Dios? ¿Dónde estaban las voces cuando los labios del gobernador Barnett chorrearon sus palabras de interposición y nulidad? ¿Dónde estaban ellos cuando el gobernador Wallace hizo el potente llamado de desafío y odio? ¿Dónde estaban sus voces de apoyo cuando hombres y mujeres Negros cansados, aporreados y afligidos decidieron levantarse de los oscuros calabozos de la complacencia a las brillantes colinas de la protesta creativa?

Sí, estas preguntas aún rondan mi mente. En profunda decepción, he sollozado acerca de la laxitud de la iglesia. Pero pueden estar seguros que mis lágrimas son lágrimas de amor. No puede existir ninguna profunda decepción donde no existe un profundo amor. Sí, amo la iglesia. ¿Cómo podría sentir de otra forma? Estoy en la posición más bien única de ser el hijo, nieto y bisnieto de predicadores. Sí, veo la iglesia como el cuerpo de Cristo. Pero, ¡oh! Cómo hemos empañado y atemorizado ese cuerpo, a través de la negligencia social y el miedo de no ser conformistas.

Hubo un tiempo cuando la iglesia era muy poderosa y un tiempo cuando los antiguos cristianos se regocijaban en ser considerados como dignos de sufrir por lo que ellos creían. En aquellos días, la iglesia no era un termómetro que medía las ideas y principios de la opinión popular; era un termostato que transformaba los males de la sociedad. Siempre que los antiguos cristianos entraban a un pueblo, la gente en el poder se perturbaba y buscaba inmediatamente declararlos culpables por "perturbar la paz" y por ser "agitadores extraños". Pero los cristianos se sostuvieron en la convicción que ellos eran "una colonia del cielo" y llamaron a obedecer a Dios en lugar del hombre. Pequeños en número, eran grandes en compromiso. Ellos estaban demasiado intoxicados de Dios para ser "astronómicamente intimidados". Por sus esfuerzos y ejemplo, dieron fin a males antiquísimos como el infanticidio y las luchas de gladiadores.

Las cosas son diferentes ahora. Con tanta frecuencia la iglesia contemporánea es una voz débil e ineficaz con un sonido incierto. Tan frecuentemente es un soporte de arco del status quo. Lejos de ser perturbada por la presencia de la iglesia, la estructura de poder de la comunidad promedio es consolada por el silencio de la iglesia y frecuentemente todavía, con la sanción vocal de las cosas como son.

Pero el juicio de Dios está sobre la iglesia como nunca antes había estado. Si la iglesia de hoy no recupera el espíritu de sacrificio de la iglesia antigua, perderá su autenticidad, falseará la lealtad de millones y será desechada como un irrelevante club social sin ningún significado para el siglo XX. Cada día me reúno con gente joven cuya decepción con la iglesia se ha convertido en franco disgusto.

Quizá, una vez más, he sido demasiado optimista. ¿Está la iglesia organizada indisolublemente ligada at status quo para salvar nuestra nación y el mundo?. Tal vez debo convertir mi fe a la iglesia espiritual interior, la iglesia dentro de la iglesia, como la verdadera 'ekklesia' y la esperanza del mundo. Pero nuevamente estoy agradecido con Dios porque algunas almas nobles provenientes de los rangos de la religión organizada, se han desprendido de las cadenas paralizantes del conformismo y se han unido a nosotros como socios-activos en la lucha por la libertad. Ellos han dejado sus congregaciones seguras y han caminado las calles de Albany, Georgia, con nosotros.

Ellos han recorrido las carreteras del Sur en tortuosos viajes de libertad. Sí, han ido a la cárcel con nosotros. Algunos han sido despedidos de sus iglesias, han perdido el apoyo de sus obispos y ministros colegas. Pero han actuado en la fe que la derrota justa es más fuerte que el mal triunfante. Su testigo ha sido la sal espiritual que ha preservado el significado verdadero del Evangelio en estos tiempos perturbados. Ellos han cavado un túnel de esperanza a través de la oscura montaña del desengaño.

Espero que la iglesia como un todo enfrentará el reto de esta hora decisiva. Per aun, si la iglesia no viene a la ayuda de la justicia, no me desespero acerca del futuro. No temo por el resultado de nuestra lucha en Birmingham, aun si nuestros motivos son ahora mal interpretados. Alcanzaremos la meta de la libertad en Birmingham y en toda la nación, porque la meta de los Estados Unidos es libertad. Aunque seamos abusados y despreciados, nuestro destino está ligado con el destino de los Estados Unidos. Antes que los peregrinos (N. del I.: fundadores de los Estados Unidos -Pilgrims-) desembarcaran en Plymouth, estábamos aquí. Antes de que la pluma de Thomas Jefferson grabara a través de las páginas de la historia las majestuosas palabras de la Declaración de Independencia, estábamos aquí. Por más de dos siglos nuestros antepasados trabajaron en este país sin recibir salarios; hicieron del algodón el rey; construyeron las casas para sus amos en medio de una brutal injusticia y una vergonzosa humillación y, sin embargo, como consecuencia de una brutalidad sin límites, continuaron creciendo y desarrollándose. Si las inenarrables crueldades de esclavitud no pudieron detenernos, la oposición que ahora enfrentamos seguramente fallará. Nosotros lograremos nuestra libertad porque la herencia sagrada de nuestra Nación y la voluntad de Dios están personificadas en nuestras resonantes demandas.

Antes de terminar, me siento obligado a mencionar un punto más de su declaración, el cual me perturbó profundamente. Ustedes elogian calurosamente a la fuerza de policía de Birmingham por mantener el "orden" y "prevenir la violencia". No creo que hubieran elogiado tan vehementemente la fuerza de la policía, si hubieran visto los perros hundiendo sus colmillos en Negros desarmados noviolentos. Dudo que hubieran elogiado con tanta prontitud a los policías si hubieran observado su horrible e inhumano tratamiento de los Negros aquí en la cárcel de ciudad; si ustedes hubieran observado cómo empujaban y maldecían ancianas Negras y jóvenes Negras; si hubieran visto abofetear y patear ancianos Negros y muchachos jóvenes; si hubieran observado -como lo hicieron en dos ocasiones- rehusar darnos comida porque queríamos cantar conjuntamente nuestras gracias. No puedo unirme a ustedes en su elogio al Departamento de Policía de Birmingham.

Es cierto que la policía ha ejercido un grado de disciplina en el manejo de los manifestantes. En ese sentido se han comportado en público bastante "noviolentamente". Pero, ¿con qué propósito? Para preservar el malvado sistema de la segregación. En los últimos años he predicado consistentemente que la Noviolencia demanda que los medios que utilicemos sean tan puros como los fines que buscamos. He tratado de aclarar que es malo usar medios inmorales para obtener fines morales. Pero ahora debo afirmar que es tan malo o quizá aún más, utilizar medios morales para preservar fines inmorales. Tal vez Mr. Connor y sus policías han sido bastante noviolentos en público, como lo fue el Jefe Prichett en Albany, Georgia, pero ha utilizado los medios morales de la Noviolencia para mantener el fin inmoral de la injusticia racial. Como dijo T.S. Eliot: "La última tentación es la traición mayor; hacer la acción por la razón errónea".

Quiero que ustedes elogien a los manifestantes 'sentados' Negros y a los manifestantes de Birmingham por su sublime coraje, su voluntad de sufrir y su asombrosa disciplina en medio de una gran provocación. Un día el Sur reconocerá a sus verdaderos héroes. Ellos serán los James Merediths, con el noble sentido de propósito que les permite enfrentar turbas hostiles, mofándose de ellos y con la agonizante soledad que caracteriza la vida del pionero. Ellos serán ancianas Negras, oprimidas, maltratadas, simbolizadas en una mujer de setenta y cinco años de Montgomery, Alabama, quien se levantó con un sentido de dignidad, y con su gente decidió no montar en buses discriminatorios y replicar con una profundidad poco gramática, a alguien que la increpó acerca de su cansancio: "Mis pies están cansados, pero mi alma está en reposo". Ellos serán los jóvenes estudiantes de secundaria y universidad, los jóvenes ministros del Evangelio y una corte de sus mayores, quienes corajuda y noviolentamente se sienten en los mostradores de las cafeterías y quienes voluntariamente irán a la cárcel por razones de conciencia. Un día el Sur sabrá que estos hijos desheredados de Dios se sentaron en cafeterías, pero que en realidad se levantaban por lo mejor del sueño americano y sus más sagrados valores en nuestra herencia judeo-cristiana, regresando allí a nuestra gran Nación, a las fuentes de la democracia que estaban profundamente enterradas por nuestros Padres Fundadores en la formulación de la Constitución y la Declaración de Independencia.

Nunca antes había escrito una carta tan extensa. Me temo que sea demasiado larga y va a consumir su precioso tiempo. Puedo asegurarles que hubiera sido más corta si la hubiera escrito en un confortable escritorio pero, ¿qué más puede uno hacer cuando está solo en una estrecha celda de la cárcel, sino escribir largas cartas, pensar largos pensamientos y rezar largas oraciones?

Si he dicho algo en esta carta que sobreestime la verdad e indique una impaciencia irrazonable, les ruego me perdonen. Si he dicho algo que subestime la verdad e indique mi posesión de una paciencia que hace que me conforme con algo menos que la hermandad, le pido a Dios que me perdone.

Espero que esta carta les encuentre fortalecidos en su fe. También espero que las circunstancias me permitan reunirme con cada uno de ustedes, no como un integracionista o un líder de los derechos civiles, sino como un clérigo colega y hermano cristiano. Esperemos todos que las oscuras nubes del prejuicio racial se desvanezcan prontamente y que la profunda niebla de la compresión sea levantada de nuestras comunidades sumidas en el miedo y que en un no muy distante mañana las radiantes estrellas del amor y la hermandad brillen sobre nuestra Nación con toda su centelleante hermosura.
Suyo por la causa de la Paz y la Hermandad,

Martin Luther King, Jr.

Martin Luther King, Jr. Por qué no podemos esperar (New York & Row, 1963, 1964). El Comité de los Amigos Americanos publicó inicialmente este ensayo como un panfleto.
 

 
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